Noche de Halloween, al menos en la
dimensión humana.
A las 00:00 será el cumpleaños de
Shelly y hoy voy a recogerla para que venga a la dimensión humana,
le dije que tuviera preparada las maletas, como siempre, no me ha
hecho caso.
Shelly no quiere irse de állí, lo sé,
pero no quiero apartarme mucho de mi hermana pequeña y ya es muy
tarde para volver a la dimensión invisible, tengo una vida aquí,
tengo amigos, tengo a mery. No me puedo ir allí, Shelly no quiere
separarse de Fresa y Perton. Cuando llego le consigo convencer de que
solo será durante un día, para que vea cómo es y, que si quiere,
puede dejar la maleta allí, ya que no le voy a obligar a vivir en
una dimensión que no quiere.
También es verdad que le estoy
pidiendo demasiado, le estoy pidiendo del lugar donde creció y la
estoy separando de las únicas personas que le quedan para llevarla a
un sitio donde no podrá hacer amigos a menos que encuentra seres
no-humanos en la dimensión humana.
Ya es la hora. Shelly y yo salimos de
la dimensión invisible, le agarro fuerte de la mano para que no le
pase nada. Estamos en Londres, conforme avanzamos por las calles
vemos distintos letreros que fascinan a Shelly. Noelia me ha dejado
una tarta para Shelly en la cocina, así que cuando le enseño mi
casa y ve la tarta se pone muy contenta. Le debo una a Noelia. Le doy
un beso en la mejilla a Shelly y le digo “Felicidades renacuaja” le hago
cosquillas y me pega un codazo. Vale, no hacer cosquillas a Shelly,
debería haber aprendido ya de tantos codazos en la cara que he
recibido que a Shelly no le van las cosquillas.
Esta noche se queda a dormir en mi
casa, por la mañana la tengo que llevar a la dimensión invisible,
Perton y Fresa la estarán esperando a la entrada del túnel
dimensional.
Tengo que encontrar una solución a
todo esto, o acabaré distanciándome de mi hermana.
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