viernes, 22 de noviembre de 2013

Archivos de la dimensión invisible.-4 [Medalla a la estrategia, origenes]


La guerra seguía y Tom se hundía en si mismo. No hablaba con nadie y por su mente parecía pasar los días y las noches en un oscuro camino oscuro en busca de la nada.
Quería olvidar, pero cada pequeño detalle estallaba en su cabeza cada segundo de cada hora del día. No, no podía olvidar, no podía olvidar sabiendo que su hermana le necesitaba, sabiendo que sus padres murieron por su culpa, sabiendo que condenó a una de las personas que más amaba a vivir encerrada entre las paredes de un manicomio. Y no, sabiendo que estaba afectando a familias que no tenían nada que ver con él.
La guerra se daba por perdida. Ya no quedaban más soldados en el norte, los spilnoks atacaban por el este de la dimensión invisible, la cuna del arte. Miles de obras, manuscritos, todo se perdió salvo unos cuantos cuadros que consiguió evacuar un viejo apasionado del arte.
El frío acechaba aunque se acercaba primavera, la primavera podría ser su muerte fácilmente.
Eso significaba comida, y la comida escaseaba para ambos bandos. O matas, o te matan.
“Los spilnoks devoran todo lo que encuentran, ya sea un animal o a tu mejor amigo, los guía la supervivencia y no poseen sentimientos” Esa frase retumbaba en la cabeza de Tom, el primer día de campamento en introducción sobre el enemigo fue la primera frase que escuchó pero provocó mucho más en Tom que en cualquiera de los otros jóvenes soldados.
Las tardes de soledad de Tom se basaban en entrenarse, se pasaba horas entrenando, no quería hablar con nadie y si sentía dolor aumentaba el ritmo de los entrenamientos.
La gente ya lo daba por perdido a Tom, a la dimensión invisible, a sus vidas. Estaban perdidos por el simple hecho de no darse cuenta de que para poder atravesar un túnel, aunque de miedo y sea oscuro y largo, hay que adentrarse en él.
Consideraron a Tom enfermo mental y gracias a esto empezó a escuchar conversaciones que le eran muy útiles. Empezó a escuchar comentarios sobre el organismo de los spilnoks, sus estructuras, sus maneras de pensar y sobre todo la frase que siempre retumbaba en su cabeza “los spilnoks devoran todo lo que encuentran, ya sea un animal o a tu mejor amigo, los guía la supervivencia y no poseen sentimientos”. Llegado a este punto se sentía un spilnok, se sentía un ser grotesco, apartado. Casi ni se sentía, sin sentimientos, como un spilnok, guiado por el único motivo de seguir vivo, y solo seguía vivo para su hermana pequeña, Shelly. A los pequeños los refugiaban campamentos subterráneos de alta seguridad al igual que a la comida y a los instrumentales médicos.
Tom empezó a practicar con la química. Cada noche se colaba en el laboratorio a altas horas de la madrugada. Mezclaba sustancias guiándose por lo que había escuchado y experimentaba con unos peces  que no podían usarse de alimento ya que esa especie en especial no era comestibles. Realmente solo eran peces porque vivían en el agua pero no se parecían en nada a los de la dimensión humana. Allí los llamaban dubiones. Los dubiones eran animales acuáticos que emitían un sonido agudo solo perceptible dentro del agua con los que adormecían a los depredadores. Estos peces poseían escamas más fuertes de lo normal, algunos afirmaban que podría tratarse de una mutación de plomo, el caso es que no eran comestibles.
La primera semana no pasaba con los peces nada, o eso creían todos, incluido Tom, pero pronto los peces empezaron a mutar, perdieron miembros que les impedían moverse poco a poco, empezaron a volverse agresivos contra ellos mismos, se atacaban a ellos mismos, su sistema inmunológico se volvía contra ellos y en dos semanas todos los peces murieron irremediablemente.
Cuando los superiores se enteraron de esto Tom pasó unas dos horas explicándole a los científicos de la base militar cómo lo había hecho y cómo había llegado a la conclusión de que la mezcla de esas sustancias provocaban tales daños. En apenas dos días Tom había conseguido que toda la atención se centrase en él, un simple chico de 15 años había creado el arma química más letal que habían conseguido hasta entonces. Acudía a reuniones de estrategia pero nunca sugería cosas, escuchaba en silencio como todos ideaban estúpidos y descabellados planes para ganar unas milésimas de segundos, a Tom solo lo tomaban en serio en los laboratorios, empezaron a probar con los venenos, mataba a cualquier bestia y cuanto más grandes más eficaces resultaban ser. Perfeccionaron el veneno, los seres terrestres no tenían ninguna posibilidad, a las horas perdían la capacidad de moverse.
En una de las reuniones de estrategia Tom, cansado de escuchar a personas proponiendo ganar tiempo para esconderse mejor, alzó la voz.

  • Eso no sirve.- Dijo Tom al oír a uno de los comandantes proponer que pusieran más minas para evitar que los spilnoks avanzaran. El comandante le miró de una mala forma pero Tom era el que mejor sabía fabricar venenos que parecían más eficaces que las minas así que no podía reprocharle nada.
  • Mira niño, si estás aquí que sea para hacer algo, no para impedirnos la supervivencia. Así que, si tienes una idea mejor, cuéntanosla, ¿no crees?
  • Si no puedes con el enemigo...Únete a él.
En ese momento todos en la sala miraron a Tom con cara de indignación pensando que había perdido totalmente la cabeza.
  • A ver, éxplicate. ¿No pretenderás que nos convirtamos en unas de esas bestias?
  • No, es solo...Hay que atacarles desde dentro. Los daños superficiales no les harán nada. Podemos envenenarlos pero...-Antes de que Tom terminara la frase el comandante la siguió con un tono algo más preocupante, serio y a la vez interesado.
  • Tendríamos que atravesar la frontera hacia tierras spilnoks.
  • Exacto
Al momento todos los de la sala empezaron a murmurar pues todos entendían que aunque lo que estaba proponiendo Tom era un pase seguro a la muerte podría salvar miles de vidas. Tom estaba proponiendo adentrarse en tierras que ya habían arrasado y habitado los spilnoks, era una locura, los spilnoks eran capar de encontrar a su alimento a un kilómetro de distancia por su olfato y en ese momento la dimensión invisible y sus habitantes eran su alimento. Sobrevivir a un spilnok era algo extremadamente difícil, y el hecho de que Tom consiguiese meses antes sobrevivir a uno y ayudar a la supervivencias de otros niños de menor edad fue un tema muy hablado entre los invisibles.
Volver a esas tierras equivalía a la muerte, y morir devorado por un spilnok era una de las peores muertes inimaginables.
Tras un largo murmullo un señor mayor que, como Tom, siempre permanecía callado habló.
  • Cómo lo hacemos.
Tom tomó aire y empezó a hablar. El plan en si era sencillo, se le podría haber ocurrido a cualquiera. Coger el veneno, perfeccionarlo aún más, infiltrarse en tierras spilnoks, hacerse uno de los suyos y atacar desde dentro. No se habló del viaje de vuelta, todos sabían que ese viaje no existía. Tras trazar el plan las siguientes reuniones fueron de muchas más horas en las que principalmente preguntaban a Tom cómo proceder.
En apenas unos meses, el chico inocente y delgaducho de 15 años que parecía no importar a nadie estaba dirigiendo a toda la dimensión invisible, y esta ni siquiera se daba cuenta.
Tom estaba dispuesto a hacer el camino de ida, pero ese camino, no tenía vuelta.

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