Salí del piso de James, llamé a un taxi. Movimientos que en cualquier otra
circunstancia habrían sido normales, pero no esta vez. Sé que no puedo hacerle feliz, debería
olvidarlo todo y seguir mi vida. Lo sé, debería.
Llego al aeropuerto, la gente me mira. Odio que me miren,
sobretodo odio que me miren porque estoy llorando. No sé dónde voy, mis pies caminan sin vida hacia una cola ya
vacía, hacia un lugar donde sé que no me voy a sentir bien, hacia el mismo infierno voy caminando, porque
hacia el mismo infierno puedo llegar a caminar por él.
Me monto en el avión sintiéndome vacía, más que de
costumbre. Llego allí, tal vez le llame “allí”
porque hace tiempo que ni siquiera tengo un hogar. Cuando me doy cuenta se
aglomera gente a mi alrededor, en el hotel, mi hotel.
¿En qué me he convertido? ¿Qué tengo? Nada, tengo un montón
de dinero, un hotel y un agujero perforándome el cráneo porque si no, no me
explico cómo demonios puedo ser tan gilipollas y dejarlo todo pasar.
Me aparto de la gente y avanzo por un pasillo vacio, llego a
mi habitación. Las cosas revueltas, está como lo dejé. Media botella de whisky
en el suelo que decido terminarme en un momento y muchos recuerdos de esta
idiota que arriesga lo que no tiene y acaba perdiendo.
Me tiro a la cama mirando el techo y la vista se vuelve
borrosa. Me pellizco las muñecas, soy
actriz y cualquier marca de corte involucraría un escándalo así que ahí me
quedo, inerte sobre un montón de fibras que ya no se distinguen de mi.
Me muerdo los labios, por un momento me recuerda a James,
aún me sabe a Whisky demasiado. Y empiezo a no entender nada, y me pongo
nerviosa, una ansiedad de repente se apodera de mi y no lo evito, grito. Tiro esa
maldita botella de whisky a la pared, esa estúpida botella de whisky… Y después
me lamento por haberle hecho daño. Y tengo tentaciones de correr, salir corriendo y dar marcha atrás a todo. Pero
no puedo joder, no puedo.
Llaman a la puerta, la bloqueo. Miro el suelo, cristales
rotos. Cojo uno y rajo las sábanas. Podría hacer fácilmente una soga, podría
terminar con todo y ser como la botella de Whisky. Porque creo que me he
cansado y me doy cuenta demasiado tarde que he sido demasiado fuerte durante
demasiado tiempo. Estoy desecha, no soy más que una acumulación de mentiras y
promesas sin cumplir que pretende firmar te quieros sinceros en cheques en
blanco. No puedo estar detrás de cada persona que me importa reviviéndolos una
y otra y otra vez mientras yo llevo muerta hace tiempo y nadie viene a
salvarme. No viene nadie a salvarte y te quedas ahí . No viene nadie. Y sé que
la culpa es mía, por arriesgarme, por intentar ser algo que no puedo ser, por
intentar hacer feliz a alguien cuando realmente no sé ni hacerme feliz a mi
misma por hablar cuando la garganta me grita que llore y por callar cuando los
ojos me susurran gritos. Callé gritos
que jamás debía haber callado. Me enfado, de repente.
Estoy demasiado cansada de ser la fuerte. Abro la puerta de
una vez, es el director de teatro.
Renuncio a mi profesión de actriz y poco a poco renuncio a la vida.
Me siento como si estuviese caminando en círculos. En el
mismo círculo vicioso una y otra vez.
Esta peonza se ha cansado de girar, me guardo en un cajón para que me
tiren o me recojan a los años de estar encerrada, pero siempre seré una peonza.
Un ser inerte, que te divierte y cuando te cansa lo
guardas o lo pierdes, parezco muy bonita girando, pero cuando no me giran no
soy más que un trozo de madera.

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