Son las 00:37. Ya es el cumpleaños de Annie. Noelia me ha dicho de ir a dar una vuelta con ella por la calle para despejarme un poco.
Voy a dar una vuelta por la calle con
Noelia cuando de repente aparece.
No, no puede ser, es mi mente, debe
de estar jugándome otra mala pasada. Annie. Me quedo parado sin
saber que hacer buscando algo que me diga que la chica que estoy
viendo reír con unos amigos no es Annie pero no encuentro nada. Miro
a Noelia en busca de respuestas pero está pálida con los ojos fijos
en ella.
Cuando me dice: “Tom, es ella.”
Le miro a ella y después a Annie y me
acerco hasta donde es imposible no verme.
Annie...
Le llamo, parece oírlo pero me
está...¿ignorando? No, es peor, no.... ¿no me ve?
Annie no me ve, no puede estar pasando
esto. Annie no me ve, estoy frente a la chica que una vez fue toda
mi vida y ella simplemente no me ve. Pero no es porque es ciega, no es la chica ciega. Es porque ha
perdido su aura. Ese aura tan brillante que una vez tuvo, ya no es
nada, ya no existe.
Ahora no es más que una chica normal.
Una chica normal que una vez tuvo un aura brillante, pero que la
sociedad ha destruido porque no es algo que entrase en un modelo
estándar.
Es como modelar una obra de arte, una
obra de arte en la que el artista ha dejado toda su alma , pero como
la mayoría no la entienden, el autor decide cambiar en lo que el
cree quedando todo el mundo satisfecho, todos menos él.
Ya Annie no me podrá volver a ver.
Dudo que me recuerde, seguramente acabaron por convencerla de que
todo había sido su imaginación y ella habrá pensado que solo fue
un problema más de una cría.
Supongo que todos los escritores
escriben este tipo de historias para que el mundo las vea desde el
punto de vista de la persona que aún no sabe si todo fue real o no.
Pero no tienen ni idea de lo que duele, cuando tú sabes la verdad, y
la verdad es que tú eres el personaje al que creen un sueño, o un
delirio o simplemente, una imaginación. No saben lo que duele ser el
personaje olvidado de la historia. No se han parado a pensar en que
el protagonista no es al único al que le rompen el corazón. Veo a
Annie feliz, sonríe y ríe, está celebrando que ya es su cumpleaños
con sus amigos, como haría cualquier chica normal. Apenas me doy
cuenta de que mis lágrimas resbalan desde hace tiempo por mis
mejillas cuando una de las amigas de Annie se queda mirando al suelo.
Su amiga dice: “¡Mira! Está
chispeando, espero que no llueva.” sin saber que esa lluvia eran
mis lágrimas.
Me veo bastante machacado como para dar
la vuelta. Ya no puedo hacer nada, aunque quiera, porque Annie ya no
me ve ni me recuerda, ya ni siquiera es Annie, y su aura al igual que
ella, ha cambiado. Veo a un chico acercarse y besa a Annie. Noto como
cada pedazo de mi estúpido corazón cae al suelo junto a mis
lágrimas ya frías, pero esta vez nadie lo nota.
“Feliz cumpleaños, te quiero.” En
un segundo toda posible esperanza se ha convertido en una pesadilla.
¿Por qué me deparabas esto destino? ¿Te gusta tener juguetes? Es
como ver a tu aliento rechazándote, te deja sin aire y mueres
lentamente, mientras tu aliento le regala tu aire a otra boca, sin
saber que sin ese aire no puedes sobrevivir.
Por un momento me entran ganas de
partirle la cara a ese chico, pero realmente no tengo motivos. Ese
chico está haciendo sonreír a Annie y eso me impide que pueda
hacerle daño. Me veo hablando solo con la mirada perdida en algún lugar del suelo y llorando susurrando palabras que
mi cerebro apenas puede comparar con el dolor. Noto que mi cuerpo se
une a mi corazón y va al suelo. Cuando me doy cuenta
Noelia está
aquí, está hablando con Annie, está llorando, gritando y señalando. Parece enfadada,
no sé que hace, no oigo lo que dice, estoy escuchando un zumbido
intenso, creo que lo hace mi subconciente para proteger lo poco que
ya queda de mi.
Intento taparle la boca porque Annie
tan solo estaba celebrando su cumpleaños y debo entender que yo ya
no soy más que un mal recuerdo en su memoria. Los amigos de Annie
toman a Noelia por loca, le llaman chiflada y se alejan andando. Yo
aún no he dicho nada, he perdido hoy demasiadas cosas como para que
a mis palabras también se las llevase el viento.
Noelia me abraza fuerte llorando. He
visto a Noelia llorar por muchas cosas, pero nunca por mi, nunca era
yo al que tenían que consolar. Me pregunto qué es lo que acaba de
pasar, cómo es posible que en unos segundos pase esto como si fuese
un simple momento cotidiano más de la vida.
Noelia me dice que todo va a ir bien y
me susurra cosas que se supone que deben aliviarme al oído, pero
estoy demasiado cansado, y solo quiero irme de aquí, ya no puedo con
mis sentimientos.
Solo quiero correr hasta que mis pies
se evaporen en el aire.
Me levanto y salgo corriendo, y es ahí,
con el viento de frente, cuando me doy cuenta se que estoy llorando,
llorando como un crío asustado, y no puedo parar. Ya no sé ni en
qué parte de la ciudad estoy, el mundo da vueltas a través de mi.
No sabría decir si me he derrumbado en el suelo de este callejón
oscuro queriendo o sin querer, pero no es algo que me importe mucho.
Meto la mano ligeramente en mi bolsillo y encuentro la droga de la
verdad y la quita-vergüenza. No serviría de nada tomármelas ahora
pero me tomo todas las existencias que llevo de golpe. Realmente no
sé que hago, me siento tan estúpido al pensar que Annie seguiría
esperándome...
Me quedo llorando en el suelo del
callejón por varias horas. Son las 5 de la mañana.
No sé lo que hago, le pego un puñetazo
a la pared de cemento pero no siento nada, ni siquiera escucho nada.
Es como una vida sin sentimientos y sin sonido. Solo veo sangre en la
pared algo desconchada, miro mi mano y compruebo que la sangre venía
de ahí. Tengo los nudillos morados despellejados y sangrando. No
puedo volver a casa, ahí está James. Y cualquiera de la dimensión
invisible me conoce, son las cinco de la mañana si, puede que todos
estén dormidos pero en vez de eso me quedo en el callejón llorando
más de lo que mi garganta y mis ojos me pueden permitir. Me quedo
afónico y varias veces me entran arcadas de llorar porque mi lengua
se ha hinchado. En un momento empieza a amanecer. ¿He estado
llorando...toda la noche?
“Feliz cumpleaños Annie, te quiero.”
Si, he estado llorando toda la noche.